La exposición del pintor mexicano Julio Galán presentada en el museo Rufino Tamayo tiene un nombre muy extravagante "Un conejo partido a la mitad" que se ubica en el museo Rufino Tamayo.
En ella, Galán plantea un discurso que expone al pintor abiertamente como homosexual y también cuestiona el papel que tiene la identidad de género dentro del arte como modo de expresión. A diferencia de la anterior, disfrute mucho esta exposición, pues me permitió observar como el artista interactúa con el entorno dentro de la obra, tanto en la pintura como en la fotografía, jugando con los colores para expresar la violencia de género y represión sexual a la que se veía sometido.
Galán se esfuerza por mantener sus obras sin una temporalidad definida, lo que le permite al espectador adaptar el portafolio a la realidad y contexto en el que vive. En sus obras tempranas trabaja con espacios que le eran cotidianos y familiares, representándose a sí mismo como un personaje fuera de lugar dentro de la misma narrativa de la obra. Utiliza la fotografía y el performance como vehículos conductores para dialogar con el género dentro de sus autorretratos.
El artista, a través de sus obras y muñecos, también discute con el creciente nacionalismo que ocurría en México en la época de los años 80, pues aborda los mecanismos de represión política que vivió a causa de la situación del país. Así mismo, su obra establece una crítica contra el estereotipo del hombre mexicano y el machismo en el contexto de su época, desarrollando un discurso contrario para exponer su inconformismo.
Los juguetes que aparecen dentro de la siguiente sala son parte de la colección de Galán, un muñeco en específico, Morelio, es usado como el alter ego del artista y personaje principal en varias de las sesiones fotográficas que reflejan el conflicto que tenía Galán con el hecho de que sus padres no aceptaran su identidad sexual.
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